
El mundo del flamenco llora la pérdida de Manuel Moreno Carrasco, conocido artísticamente como Manuel Malena, quien ha fallecido en Tokio (Japón) a los 67 años tras varios días ingresado en un hospital. El reconocido cantaor de Jerez no pudo superar un infarto que finalmente acabó con su vida durante la madrugada del lunes, hora española.
Sus hijos viajaron de urgencia hasta la capital japonesa para permanecer junto a él en sus últimos momentos. Japón fue durante décadas uno de los lugares donde Manuel Malena encontró un mayor reconocimiento, convirtiéndose en una figura muy querida por el público y los aficionados al flamenco, hasta el punto de considerar el país nipón como una segunda casa.
A lo largo de su extensa trayectoria artística, Manuel Malena destacó por su extraordinaria capacidad para el cante de acompañamiento al baile, siendo uno de los cantaores más solicitados por bailaores y bailaoras de primer nivel. Paralelamente, desarrolló una sólida carrera como solista, ofreciendo numerosos recitales dentro y fuera de España.
Su vinculación con el flamenco comenzó siendo apenas un niño. Con solo 11 años ya actuaba sobre los escenarios y pronto empezó a cosechar importantes reconocimientos en certámenes flamencos, entre ellos el prestigioso concurso de Mairena, donde compartió protagonismo con Luis de Pacote.
En 1978 formó parte del histórico proyecto discográfico Nueva Frontera del Cante de Jerez, editado por RCA, junto a figuras tan representativas como Moneo, El Torta, El Garbanzo, Rubichi y Mateo Soleá, una grabación considerada referente para varias generaciones de aficionados.
Uno de los momentos más especiales de su carrera llegó en 2020, cuando celebró en Tokio sus cincuenta años dedicados al arte flamenco con un recital conmemorativo, un homenaje a una trayectoria marcada por la autenticidad, el respeto a la tradición y el reconocimiento internacional.
Con su fallecimiento desaparece una de las voces más respetadas del cante jerezano, dejando un legado que permanecerá vivo tanto en Andalucía como en Japón, donde contribuyó de forma decisiva a la difusión y el prestigio del flamenco.
