
Rafael Soto Moreno, conocido en el toreo como Rafael de Paula, uno de los artistas más singulares de los últimos años, ha fallecido a los 85 años de edas.
Rafael de Paula, cuyo nombre completo es Rafael Soto Moreno, nació en Jerez de la Frontera (Cádiz, España) el 11 de febrero de 1940. Es considerado uno de los toreros más artísticos y singulares del siglo XX.
De origen gitano, de la vieja guardia jerezana, Rafael de Paula inició su andadura taurina como novillero y debutó con caballos el 9 de mayo de 1957 en Ronda. Tomó la alternativa el 9 de septiembre de 1960 en la Plaza de Ronda, de manos de Julio Aparicio y con testigo Antonio Ordóñez, ante toros de la ganadería de Atanasio Fernández; aquella tarde cortó oreja a cada toro. No fue hasta el 28 de mayo de 1974 cuando confirmó su alternativa en la plaza de Las Ventas de Madrid, con José Luis Galloso como padrino y testigo Julio Robles ante toros de José Luis Osborne.
Rafael de Paula fue un torero singular: no tanto por la cantidad de festejos como por la intensidad del momento artístico. Su capote ha sido considerado por muchos críticos “el mejor de todos los tiempos”. Las verónicas que realizaba han quedado para el recuerdo por su temple, cadencia y sensibilidad únicas. Sin embargo, su carrera también estuvo marcada por la irregularidad, las ausencias prolongadas y las rodillas frágiles que le impusieron límites físicos, a pesar de una voluntad artística inmensa.
Aun así, sus momentos cumbre –como la faena memorable en la plaza de Jerez en 1979 o la de Madrid en otoño de 1987– lo consagraron en la historia del toreo. Otra de las faenas más recordadas de la carrera de Rafael de Paula fue la tarde del 5 de octubre de 1974, en la Plaza de Vista Alegre de Madrid, donde compartió cartel con Antonio Bienvenida (que se despedía) y Curro Romero. Rafael de Paula cuajó al toro Barbudo, de la ganadería de Fermín Bohórquez, en una faena memorable.
En 2002 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes por el Ministerio de Cultura, reconocimiento que ensalza la dimensión artística de su toreo más allá del ruedo. Fue apoderado de figuras como Morante de la Puebla.
Quienes lo vieron torear lo describen como un torero en trance, un artista de la lentitud medida que envolvía al toro, al capote, a la muleta en una coreografía casi mística donde el arte no se medía en faenas largas sino en auténticos destellos. Como dijo uno de sus biógrafos: “En su toreo hay una sutil música callada”.
